Se puede parir con Arnold Chiari I

Hola! Han pasado ya 9 meses desde que di a luz a mi pequeño y ya me siento con esa necesidad total de contarte todo lo que he aprendido en este camino y de empezar con ganas el curso, con muchas novedades que te contaré próximamente.

He deseado poder escribir este post durante mucho tiempo. Y por fin puedo hacerlo realidad.

¿Qué mejor manera de volver al trabajo que ayudando a otras mamás que estén en ese lugar en el que yo estuve y del que he salido victoriosa?

Si has llegado a este post es o bien porque ya me seguías o porque has estado buscando desesperadamente información sobre el parto con Arnold Chiari (tipo I) como yo en su día.

Tengo dos hijos, una niña de 4 años que nació por cesárea programada con anestesia general en la semana 39 porque yo tengo Arnold Chiari de tipo I (me ahorro explicar lo que es porque si te ha interesado y sigues leyendo ya sabes de lo que hablo) y un niño de 9 meses que ha nacido en casa tras un parto cuanto menos “intenso”. En mi primer embarazo, hace ya casi 5 años yo sabía que pese a todo podía parir, lo sentía así como una verdad dentro de mi, pero claro, no me valía sólo con eso. Yo tenía el diagnóstico por pura casualidad y era una paciente completamente asintomática, de hecho es probable que si no lo hubiera sabido por otra amiga (que tuvo cesárea por el mismo motivo) yo ni habría mencionado esto a los ginecólogos, porque en realidad a mi no me condicionaba en nada y no tenía relación ninguna con el desarrollo de mi embarazo y yo normalmente ni me acordaba de señalarlo como algo “importante” en mi historial, porque nunca le habían dado importancia una vez valorado el grado, etc.

El caso es que yo no quería cesárea, mucho menos programada, muchísimo menos con anestesia general, y perderme el momento más importante de mi vida: ver nacer a mi hija. Así que me informé mucho, leí todo lo que encontré sobre el tema y di todas mis razones a los médicos para buscar el mejor camino para MI y mi hija, pero claro, como casi siempre en estos temas, ni me escucharon, ni me respetaron, me infantilizaron y poco menos me trataron de loca por no querer aceptar a ciegas la cesárea. La evidencia científica sobre el tema es escasa, primero porque la mayoría de mujeres que lo tienen ni se enteran, y luego porque, claro, si hacemos cesárea a todas las diagnosticadas “por si acaso” difícilmente vamos a poder recabar información o hacer un estudio sobre el parto y el Arnold Chiari. La neuróloga que firmó el informe se mojó CERO y dijo que no había evidencia real de que no se pudiera parir, pero que normalmente se hace cesárea, y los ginecólogos como no son especialistas justamente en el tema dijeron “no nos pillamos los dedos”. Es lo que tiene la medicina defensiva, la medicina que no es integral, que nos trata como objetos y no como sujetos complejos, individuales y únicos.

Creo que la medicina debe facilitarnos sus avances y conocimientos para ayudarnos a tomar a NOSOTROS la mejore decisión para nuestro caso de forma consciente. No para decirnos lo que ELLOS consideran que debemos hacer.

El caso es que además de haberme sentido completamente sola en ese tema sufrí una violencia obstétrica HORRIBLE. Y lo que se suponía que tenía que ser el mejor momento de mi vida, fue el peor y más traumático que he vivido jamás.

Me costó años y terapia superarlo, aceptarlo y procesarlo, y aún hay un trocito de mi corazón que me da un pinchacito cuando lo recuerdo. Sabía que no volvería a pasar por eso.

Ya había tenido a mi hija y seguí investigando por mi cuenta, informándome, contactando con más especialistas por mi cuenta, y sacando mis propias conclusiones. Sin duda todo lo que viví me hizo ver que en realidad mi cesárea no era estudiada y necesaria, fue para que yo “no reclamase nada” luego, dicho tal cual por una de las ginecólogas que me atendió. He de decir que también había parte del equipo médico que abogaba por un parto vaginal con instrumental para “acortar el expulsivo” y evitar un mayor enclavamiento por el esfuerzo (claro, visto desde un parto en litotomía y “forzando con el cuello”). Por tanto eso también me demostraba que no había una única verdad en mi caso.

Cuando me quedé embarazada por segunda vez yo ya había aprendido lo suficiente y también estaba dispuesta a hacerme oír. Así que aunque mi plan era tener un parto en casa, seguí los protocolos hospitalarios y además acudí a la consulta de neurología nuevamente a “valorar” mi caso. Y menuda diferencia de consulta respecto a la que tuve la primera vez.

Entré por la puerta con mi barrigón y ya antes de sentarme me dice el neurólogo: “Hola! ya veo que le mandan de ginecología, yo le voy a hacer la misma recomendación que la Dra. Pepita (la de mi primera cesárea) hace 3 años”. Me siento, lo miro a los ojos y le digo: Mire me gustaría hablar un poco más de este tema y que tratásemos MI caso concretamente, porque ya en su día manifesté mi deseo de tener un parto vaginal y habiendo pasado ya por la traumática experiencia de MI cesárea, no quisiera repetirla. Hay estudios de casos clínicos que muestran que ha habido mujeres que han parido de forma natural con esta malformación, e incluso han recibido anestesia epidural…

Y así fui exponiéndole mis motivos, lo que yo sabía y había aprendido y el me escuchaba MUY ATENTA Y RESPETUOSAMENTE. Además hice más preguntas, aclaramos dudas, etc y me fue reafirmando el mismo en mi decisión del parto natural. En un momento ya finalizando la conversación le dije: Ud, va a firmar ahora un informe, y yo no quiero que ese informe determine mi futuro de forma “protocolaria”, me gustaría que lo que usted exponga ahí sea su real convicción de que considera que en MI caso está optando por la mejor opción. Y el me dijo: ud, quiere que yo le diga qué haría yo si se tratase de mi esposa, por ejemplo? y le respondí: pues por ejemplo… Y me contestó con rotundidad: yo optaría por el parto vaginal.

Fijaos como cambió el cuento desde que entré por la puerta hasta el final de la consulta. Así que redactó el informe y lo que más me marcó completamente fue que además de exponer sus motivos, conocimientos, etc añadió “además es deseo de la paciente tener un parto natural y considero necesario respetarlo”.

No os podéis imaginar la sensación de triunfo y empoderamiento con que salí de esa consulta, sentí que con ese recorrido seguía sanando lo que no había podido darle a mi primera hija. Sentí que por fin, alguien “cualificado” me daba la razón con su firma y su “título” y eso era todo un logro. Sentía que ahora nuestra decisión de parir tenía un respaldo médico. La opción de parir en casa ya era nuestra. Además en este embarazo, aún pese al informe favorable del neurólogo para la epidural (aunque yo no la quisiera) la anestesista (muy borde) me dijo que ni de broma me pondrían una epidural para el parto, cuando yo le expliqué que iba a la consulta para que constase que no era necesario una anestesia general si llegado el caso necesitaba una cesárea de urgencia. Pero nada, llevo el caso a estudio y me dijo que ni de broma. Pero me daba igual, no la íbamos a necesitar.

Después de todo esto (que me está quedando larguísimo el post, perdonadme) tuve un parto natural en casa, con un preparto muy largo e intenso que me puso muy a prueba y un expulsivo de 2hs que me llevó a conocer al segundo amor de mi vida, mi pequeño Darío (la historia completa del parto la dejo para otro post, si queréis conocerla). Posteriormente he pedido una consulta postparto para que precisamente si querían me hicieran una resonancia magnética y “comprobasen” que nada se había movido de su sitio, ya que tanto temor causaba un enclavamiento por el esfuerzo en mi primer embarazo, y sabéis que?? el neurólogo que me atendió ni siquiera lo vio necesario. Me dijo que dado que yo no mostraba síntoma ninguno de empeoramiento, que la respuesta clínica era perfecta y asintomática era obvio que todo seguía normal.

Con todo este post lo que quiero decir es que SE PUEDE PARIR CON ARNOLD CHIARI I si ese es vuestro deseo y si junto a vuestros médicos lo véis factible. No dejéis que os encasqueten una cesárea “por si acaso” si no la queréis. No temáis de hacer oír vuestros miedos y deseos y cuestionar a “la autoridad médica”, porque a veces se equivocan también, y están ahí para acompañarnos a tomar las mejores decisiones para NOSOTROS (en cualquier contexto de salud o enfermedad).

Cuento mi historia porque me habría gustado encontrar algo así en mi primer embarazo, alguien que hubiera pasado algo similar y lo hubiera superado, alguien que comprendiese mi dolor de no querer esa cesárea. Pero esa fue nuestra historia, y nos ha traído hasta aquí.

Gracias a mi marido, por ser el mejor compañero de vida en este viaje tan profundo, gracias a mi hija por lo mucho que me ha enseñado con su llegada, gracias a mi pequeño por haberme regalado un parto así, y a la familia, por habernos respetado aún con sus miedos.

Gracias a vosotros haberlo leído, y espero que os sea de ayuda! Estoy aquí para apoyaros y acompañaros en lo que necesitéis.

Un abrazo, Noelia.