5 Errores que debes evitar cometer con tu hijo de Alta Sensibilidad

Los padres siempre deseamos hacerlo bien, lo mejor posible. No me cabe ninguna duda. No he conocido hasta ahora a ninguna madre ni padre que desee hacer daño a su hijo a consciencia o que le de realmente igual lo que sientan sus hijos y cómo esto afectará a su vida presente y futura.

Pero a menudo por falta de conocimiento, de información, de herramientas, no damos en la tecla. Tener niños de Alta Sensibilidad puede resultar extremadamente agotador. Son niños con una intensidad desbordante a nivel emocional, que se sobreestimulan y pierden su equilibrio con facilidad, tienen una sed infinita de respuestas a cuestiones muy profundas y eso en el día a día de una familia puede acabar desgastando mucho.

Así que quiero enseñarte cuáles son los errores habituales que se comenten con estos niños y que suelen suponer para ellos una tristeza profunda y una sensación de incomprensión aún mayor.

  1. Decirles “no es para tanto” cuando nos cuentan algo que ellos sienten o viven como un drama. Nosotros desde fuera no podemos medir su nivel de tristeza o decepción ante lo que ocurre como para poder determinar que esté sobre-reaccionando porque además nuestra vara de medir no tendrá la misma escala que la suya. Podemos decir: comprendo que te sientas así, ¿hay algo que pueda hacer para ayudarte? Estamos mostrando empatía e interés sin juzgar su forma de expresarlo.
  2. Olvidarnos de que son NIÑOS porque muestran un nivel de madurez muy superior en determinados aspectos de su desarrollo. No podemos obviar que aunque se hagan planteamientos muy profundos y puedan comprender conceptos muy abstractos a temprana edad su cerebro no deja de tener una edad biológica determinada conforme a la cual se comportará en muchos otros aspectos.
  3. Intentar manejar su frustración en lugar de guiarle para que sea él mismo quien pueda gestionarla. Debemos aceptar que a veces aunque “pongamos todo de nuestra parte”, nuestros hijos van a explotar igual. Nuestra labor es aceptar que tienen derecho a hacerlo y asegurarnos de que no vulneren su integridad y la de nadie más, pero que canalicen su frustración y/o rabia de la manera que necesiten, con nuestro apoyo.
  4. Querer “bromear” o quitarle importancia a sus problemas. Muchas veces este detalle acaba todavía empeorando más la situación. El niño se siente indignado porque considera que no le tomamos en serio y eso puede hacer que deje de querer contarnos qué le ocurre.
  5. No saber “retirarse a tiempo”. En la mayoría de los casos cuando los niños empiezan a mostrar los primeros síntomas de estar sobreestimulados (en entornos con demasiada gente, ruidos o situaciones que les incomodan) los padres “esperan un poquito más” y para cuando se dan cuenta el volcán ya ha hecho erupción. Es mejor ser conscientes e irnos antes de esos lugares o evitarlos en la medida de lo posible. El resultado a la larga siempre será mejor.

Es muy importante que les acompañemos a zambullirse en ese mundo interno de tanta riqueza para que puedan aprovechar todas sus cualidades en beneficio de sus propio bienestar y para ello debemos permanecer atentos, disponibles y cercanos, siempre desde el amor incondicional y no desde el juicio.

 

Noelia Rodriguez.

 

 

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